Orgulloso de ser un diseñador de Web

por Chris MacGregor

¿Alguna vez oíste hablar de ese chico de unos 16 años que diseña páginas web y gana más de 6000 dólares al mes?

La parte más difícil de ser un diseñador web profesional es decirle a la gente que lo hago como medio de vida. Los comentarios que recibo van desde el desprecio de la web como algo pasajero, a el siempre popular “Ni hijo de quinto de primaria tiene su propio sitio web.” El principal motivo de que existan nombres de trabajo como Diseñador de GUI Web, o Creativo Web en los círculos profesionales y en los medios es que el término diseñador web implica más o menos el mismo respeto que un repartidor de periódicos, en nuestra sociedad.

¿Quién tiene la culpa?
No es un fallo de los diseñadores de hoy, el hecho de que la mayor parte de la gente que tiene la capacidad de moverse por internet pueda afirmar que conoce cual es su trabajo. Sí es un fallo de este diseñador el no saber diferenciar entre un profesional y un joven de 16 años con una especial habilidad para la autopromoción. La diferencia es la formación para el diseño, el conocimiento de Internet, la experiencia y la dedicación profesional a ese campo.

HTML es un lenguaje fácil de entender, y no lleva demasiada habilidad ir a una tienda y comprar uno de los muchos programas de edición en WYSIWYG. Pero el diseño web es mucho más que escribir el código de una página para que se muestre en el navegador. Las limitaciones que que tienen los diseñadores web hacen que construir páginas sea un juego de concesiones y trucos para engañar al navegador. Nos hemos apropiado de la capacidad de representar tablas con TABLE del HTML como una especie de PostScript online, definiendo celdas para contener nuestros textos o imágenes de la misma forma que empleábamos rutas y cajas de texto para diseñar la página. Pero con cada nuevo truco, cada nuevo avance, la naturaleza de Internet hace que nuestras ideas se transmitan a cada uno de los autoproclamados “diseñadores web” que hay por ahí.

Como profesionales se nos presenta la misma situación que con la revolución de la autoedición, el Desktop Publishing se presentó en el diseño gráfico a final de los años 80. Las compañías de softwares proclaman que su producto hará tus páginas web tan buenas como las de un diseñador profesional. Los centros educativos locales ofrecen clases de diseño web enseñadas por profesores de informática que se centran en el HTML y no en el objetivo de crear diseños efectivos. Hay libros disponibles en la mayoría de tiendas con títulos como The Idiot’s guide to Web Design and Web Page Design for Dummies. Nuestra profesión se trata como una clase de manualidades en el hogar local de la tercera edad.

¿Así que, qué podemos hacer?

Lo que podemos hacer
Primero, necesitamos ampliar la distancia entre los autoproclamados diseñadores web y los auténticos profesionales. Los diseñadores profesionales no “hacemos” diseños de páginas web, los practicamos. El diseño web no es un gallardón de mérito para añadir al uniforme de los scouts (pero de la manera en que van las cosas probablemente no estamos muy lejos de ello), es una elección de carrera profesional que exige un crecimiento continuo y una dedicación seria. Continuamente trabajamos para mejorar nuestras habilidades y técnicas, aprendiendo cóm usar las nuevas herramientas y dominando las ya existentes. Para elevar nuestra profesión de la percepción que tiene ahora a la apreciación que se merece, la separación entre el profesional y el aficionado debería ser evidente para el observador casual.

En segundo lugar, como profesionales debemos entender que los motivos por los que el visitante hace clic en un botón son tan importantes como el aspecto de ese botón en diferentes navegadores. Debemos ser capaces de analizar la información que se incluirá en el sitio web y organizarla de una forma fácil de entender. En parte psicólogo y en parte editor de revista, el diseñador web necesita ser el equivalente digital de una persona del Renacimiento. Del mismo modo que un buen ilusionista puede hacer que la reina de corazones salga de una baraja de cartas, necesitamos ser capaces de guiar los visitantes a un sitio a la información que responderá sus cuestiones.

En tercer lugar, debemos establecer objetivos para los sitios que diseñamos. Trabajar con un cliente para desarrollar su estrategia en el web para que tenga éxito es tan importante como su aspecto visual. Una compañía que quiere un sitio sólo para estar online se perderá el impacto en las comunicaciones que un sitio efectivo puede tener. Como diseñadores profesionales debemos trabajar con una compañía para especificar lo que quieren conseguir de su sitio, y lo que hará falta para obtener ese resultado. A partir de esa información debemos desarrollar un sitio que resuelva las necesidades del cliente.

En cuarto lugar, entender el marketing debería ser una parte del currículo de cualquier diseñador web profesional. Deberíamos saber cómo utilizar la economía de Internet basada en los regalos para mejorar la percepción de la clientela acerca de nuestro cliente. Los profesionales no deben tener dificultades en planificar una campaña efectiva de banners o escribir etiquetas meta que funcionen bien para la promoción del sitio. Como profesionales necesitamos este tipo de formación para competir con los diseñadores que trabajan después de la escuela para enganchar nuestro mercado.

En quinto lugar, los diseñadores web profesionales deben estar orgullosos de su propia profesión. Es hora de que los diseñadores web sean consecuentes con su nombre, y lo recuperen de los chicos de 16 años. La próxima vez que se te acaben las tarjetas de visita, proclámalo orgullosamente y utiliza el nombre de Diseñador Web. Reúnete con los demás diseñadores en tu área y establece un grupo profesional. Deja de ocultarte detrás de nombres más bonitos y creativos; si lo haces sólo contribuyes a la percepción de que el diseño web es un negocio apto para idiotas y torpes.

No va a ser un camino fácil rehabilitar la imagen profesional del diseñador web, pero es algo que todos nosotros deberíamos empezar a hacer. El futuro de nuestra profesión se escribirá por nuestras actuaciones presentes. Así que la próxima vez que alguien te diga que su hijo de quinto tiene su propio sitio web, contéstale que debería seguir trabajando fuerte, y cuando se gradúe en la universidad quizás pueda ser un diseñador web profesional, como tú.

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Esta entrada se publicó el septiembre 27, 2007 en 8:01 pm y se archivó dentro de creatividad, diseño, web. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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